Un pequeño pájaro recoge migas de pan junto a un banco de un parque
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La lección de las aves

El banquete oculto

«Cuando la preocupación por el mañana nos impide ver lo que Dios ya ha puesto delante de nosotros.»

Una reflexión sobre la provisión, el trabajo, la prudencia, la vigilancia, la gratitud y la confianza en Dios.

La provisión sin la cadena de producción

Hoy estaba sentada en un banco del parque y me quedé observando la belleza de un pajarito que comía unos trocitos de pan. Mientras lo veía recoger aquellas pequeñas migas del suelo, recordé algo precioso. En Mateo 6:26, Jesús dice:

Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
Mateo 6:26

El pajarito que vi comiendo aquellos trocitos de pan reflejaba precisamente esta verdad. No había sembrado el trigo, no había molido la harina ni había horneado el pan. Simplemente encontró delante de él algo que ya había sido preparado.

Para nosotros, quizá solo eran unas migas olvidadas en el suelo. Para él, sin embargo, eran la provisión de aquel momento.

Y hay algo todavía más profundo en las palabras de Jesús: no es simplemente la naturaleza, la casualidad o "el mundo" quien sostiene a las aves. Jesús señala directamente al Padre: "vuestro Padre celestial las alimenta".

Por eso, cuando observamos a un pequeño pájaro encontrando alimento, podemos recordar que hay un Dios que continúa sosteniendo su creación.

Esto no significa que el pájaro se quede quieto esperando a que el alimento caiga directamente en su pico.

Vuela.

Busca.

Baja al suelo.

Y recoge.

«Dios provee, pero el pájaro recoge.»

Hay dependencia, pero también hay movimiento.

Trabajo, planificación y ansiedad

La Biblia no dice que el pájaro sea perezoso. Todo lo contrario: basta con observarlo durante unos minutos para darse cuenta de cuánto se mueve buscando alimento.

El pájaro vuela, busca y recoge la comida. Hace su parte.

La gran diferencia es que no vive atormentado por el mañana.

Y aquí necesitamos comprender algo importante: Jesús no está enseñando que debamos abandonar el trabajo, la planificación o la prudencia.

La propia Biblia elogia la capacidad de prepararse para el futuro.

En Proverbios 6:6-8 encontramos a otro pequeño animal utilizado como ejemplo de sabiduría:

Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio… prepara en el verano su comida y recoge en el tiempo de la siega su alimento.
Proverbios 6:6-8

Por tanto, ahorrar no está mal.

Planificar no está mal.

Guardar para el futuro no está mal.

Prepararnos para lo que pueda venir no significa que nos falte fe.

El problema comienza cuando la prudencia se convierte en miedo, la planificación se convierte en obsesión y la preocupación por el mañana nos impide vivir aquello que Dios ha puesto delante de nosotros hoy.

Es posible planificar el mañana y seguir confiando en Dios.

Es posible ahorrar y seguir dependiendo de Dios.

Es posible trabajar para construir un futuro mejor sin permitir que el futuro domine nuestros pensamientos.

Quizá esta sea una de las grandes lecciones que podemos aprender de las aves:

El pájaro busca, pero no vive atormentado.

Recoge, pero no vive dominado por el mañana.

Recibe, y aquello que para nosotros sería apenas una miga se convierte para él en provisión.

Jesús continúa su enseñanza diciendo:

Así que no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá sus propias preocupaciones. Basta a cada día su propio mal.
Mateo 6:34

Jesús no dijo que el mañana no fuera importante.

Nos enseñó que no debemos cargar hoy con el peso de un día que todavía no ha llegado.

«Prepararse para el futuro es muy diferente de vivir con miedo al futuro.»

La provisión no significa ausencia de peligros

Mientras observaba al pajarito comer, había algo más que me llamaba la atención.

No bajaba completamente la guardia.

Entre una miga y otra, levantaba la cabeza, miraba a su alrededor y permanecía atento.

Para llegar hasta aquel alimento también tenía que enfrentarse a los peligros propios de su existencia.

Hay depredadores.

Hay competencia por el alimento.

Hay cambios en el tiempo.

Hay amenazas que pueden aparecer de repente.

La provisión de Dios no convierte la vida del ave en una existencia sin dificultades.

Y esto añade otra enseñanza importante a nuestra reflexión:

Confiar en Dios no significa ignorar los peligros, actuar de manera imprudente o pensar que nunca tendremos dificultades.

«El pájaro se alimenta, pero permanece vigilante.
Confía en la provisión, pero no abandona la atención.»

En nuestra vida también existe ese equilibrio.

Podemos descansar en Dios y, al mismo tiempo, actuar con sabiduría.

Podemos tener fe y seguir atentos.

Podemos confiar en el cuidado del Padre sin dejar de tomar decisiones prudentes.

La Biblia también nos enseña la importancia de permanecer vigilantes. En 1 Pedro 5:8 leemos:

Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.
1 Pedro 5:8

Así pues, la paz que viene de Dios no significa descuido.

Es una paz que nos permite continuar caminando sin estar dominados por el miedo, pero también sin cerrar los ojos ante la realidad.

Quizá aquel pequeño pájaro nos enseñe algo más:

Vivir el presente no significa vivir distraídos.

Significa recibir el alimento de hoy, agradecerlo y continuar atentos al camino.

El valor de la dependencia

En Salmos 104:27-28, el salmista explica de una manera maravillosa esta dinámica de la naturaleza:

Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacian de bien.
Salmos 104:27-28

Hay una expresión especialmente hermosa en este texto: "Les das, recogen."

Dios da.

Pero ellos recogen.

Quizá aquí se encuentre el equilibrio que tantas veces buscamos para nuestra propia vida.

Confiar en Dios no significa quedarnos de brazos cruzados.

Trabajamos.

Buscamos.

Planificamos.

Ahorramos.

Construimos.

Tomamos decisiones.

Pero hacemos todo esto reconociendo que, detrás de nuestra capacidad para trabajar, de las oportunidades que aparecen, de las puertas que se abren e incluso de la fuerza que tenemos para levantarnos cada mañana, hay una mano mayor sosteniendo nuestra existencia.

Para la Biblia, aquel pájaro comiendo un trocito de pan en el suelo no tiene por qué ser visto simplemente como una cuestión de "suerte" o casualidad.

Puede hacernos recordar la mano abierta de Dios sosteniendo su creación.

Y entonces llega la pregunta de Jesús: "¿No valéis vosotros mucho más que ellas?"

Si Dios no se olvida de una pequeña ave, ¿por qué habríamos de pensar que se ha olvidado de nosotros?

La lección del banquete oculto

Para nosotros, lo que había allí eran apenas unos trocitos de pan.

Quizá alguien había estado comiendo y algunas migas habían caído al suelo.

Tal vez muchas personas pasaron por aquel lugar sin siquiera darse cuenta de que estaban allí.

Pero para aquel pajarito aquello era riqueza.

Era alimento.

Era energía.

Era provisión.

Era, de alguna manera, un pequeño banquete escondido ante los ojos de quienes pasaban por allí.

Y esta diferencia en la manera de mirar encierra una enseñanza muy profunda.

«El tamaño del regalo también depende de los ojos de quien lo recibe.»

Un trocito de pan que nosotros ni siquiera notaríamos puede ser suficiente para alimentar a aquel pajarito en ese momento.

Quizá algo parecido suceda con nosotros.

A veces nos acostumbramos tanto a mirar lo que todavía nos falta que dejamos de ver aquello que ya ha llegado.

Pedimos grandes respuestas y podemos pasar por alto pequeñas provisiones.

Esperamos acontecimientos extraordinarios y no percibimos los pequeños regalos que aparecen repartidos por nuestra rutina.

Un café caliente por la mañana.

El sol entrando por la ventana.

Una mesa sencilla con comida.

Una conversación tranquila.

Alguien a quien todavía podemos abrazar.

La sonrisa de un niño.

La fuerza para levantarnos y comenzar de nuevo.

Unos minutos de paz después de un día difícil.

Tal vez muchas de estas cosas se hayan vuelto tan habituales que ya no somos capaces de reconocer el valor que tienen.

Pero aquello que hoy nos parece pequeño podría ser exactamente aquello por lo que alguien, en algún lugar, está orando.

Aprender a recoger

Hay algo precioso en Salmos 104:

Les das, recogen.
Salmos 104:28

Quizá Dios ya haya colocado pequeñas provisiones a nuestro alrededor que todavía necesitamos aprender a recoger con gratitud.

Y no tienen por qué ser cosas materiales.

A veces es una oportunidad.

Una amistad.

Un consejo.

Un momento de descanso.

Una puerta que se abrió.

Una pequeña respuesta a una oración.

Un día normal en el que no ocurrió nada extraordinario, pero todas las personas que amamos llegaron bien a casa.

¿Cuántos pequeños milagros se vuelven invisibles simplemente porque se repiten todos los días?

Para aquel pajarito que comía en el suelo, lo que para nosotros parecía una sobra era un verdadero banquete.

No sembró el trigo.

No horneó el pan.

No guardó nada en aquel momento.

Simplemente encontró la provisión y la recibió.

Nosotros también podemos aprender de él.

Sin dejar de trabajar.

Sin dejar de planificar.

Sin dejar de construir el mañana.

Pero comprendiendo que prepararse para el futuro es muy diferente de vivir con miedo al futuro.

Podemos hacer planes sin entregar nuestra paz a nuestros planes.

Podemos ahorrar sin depositar toda nuestra seguridad en aquello que hemos guardado.

Podemos trabajar sin creer que absolutamente todo depende de nuestras propias fuerzas.

Y podemos mirar aquello que Dios ha puesto delante de nosotros hoy y decir:

«Gracias, Señor. Reconozco tu provisión.»

«Mirad las aves»

Quizá por eso las palabras de Jesús sean tan especiales.

Podría haberse limitado a decir: "No os preocupéis." Pero hizo algo diferente. Dijo:

Mirad las aves del cielo.
Mateo 6:26

Como si nos invitara a detenernos durante unos instantes y prestar atención.

Miradlas.

Observad cómo viven.

Ved cómo buscan.

Fijaos en cómo encuentran.

Observad cómo permanecen atentas.

Y recordad quién las sostiene.

Tal vez haya enseñanzas de Dios sucediendo silenciosamente delante de nosotros todos los días.

En un árbol.

En una flor.

En el amanecer.

En la lluvia.

O simplemente en un pequeño pájaro recogiendo unas migas de pan del suelo de un parque.

En aquel momento comprendí que no estaba viendo simplemente a un pájaro comiendo.

Estaba delante de un pequeño recordatorio de aquello que Jesús enseñó hace tantos años:

Haz tu parte.

Trabaja.

Planifica.

Prepárate.

Permanece atento.

Pero no permitas que el miedo al mañana te robe la provisión, la gratitud y la paz que Dios ha puesto delante de ti hoy.

Tal vez la vida no tenga que ser extraordinaria todos los días para ser preciosa.

A veces, el banquete ya está delante de nosotros.
Solo necesitamos aprender a verlo.

Reflexión original · Tesoros para la Vida

Elaine Andrade

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